domingo, 20 de marzo de 2016

12 de julio

Una sombra grande,
mariposa negra que cubre un bulbo de luz 
morí una tarde de julio.

Una mariposa negra y grande sobrevolaba 
la cara blanca, los ojos
y ningún cuerpo es como su alma.

Tu pecho enraizado de mala hierba
una culpa antigua de sabor sagrado
lloraste el mañana que tajó 
el hueco inmenso de la posibilidad
que mi cuerpo podrido te quitaba,
que mi cuerpo fresco te ofreció
un día de calor con mangos y naranjas.

La muerte era una mariposa negra
a la que soplabas para ahuyentar
pero una dulce caricia de sus alas
un breve abrazo de terciopelo
y no pudiste dejarla.

La muerte era una mariposa negra
una sirena que canta en el mar
una sombra grande se eleva 
y se va.

Una mariposa negra 
me devuelve 
una mariposa negra que ya no es nada
y tú tienes aún su tintura en el pecho.